Quienes tienen una personalidad extrovertida, inquietos, activos y rápidos, suelen retener de sus experiencias solamente lo que les interesa, lo demás les pasará inadvertido y no lo registrarán. En cambio, aquellos con un carácter introvertido, callados, tranquilos y de comportamiento más lento y sereno, aunque sus percepciones también son selectivas en función de sus intereses, pueden ser capaces de observar con más atención algunos detalles. Cuando los cambios en el ambiente evolucionan o involucionan en forma lenta, o son de escasa magnitud, la gran mayoría no puede darse cuenta de ellos, siempre y cuando estos cambios no alteren en forma significativa la configuración total. Esta incapacidad de ver detalles que se han agregado o quitado a nuestro alrededor se denomina ceguera al cambio. Todos en alguna medida padecemos de ceguera al cambio y no podemos advertir si se han quitado, incluido o sustituido objetos en un ambiente. La percepción es selectiva y capta totalidades con significado propio; por esta razón es muy difícil mantenerse objetivo frente a una situación, porque la tendencia es sustituir, ignorar o agregar elementos aplicando la subjetividad.