Anda ahora el zarrapastroso Pablo Iglesias de vendedor de garrafas de aceite.
Quien fuera vicepresidente de Sánchez y ‘darling’ de los ayatolás iraníes, se afana por sacar adelante una televisión y eso exige tirar de contactos y buscar patrocinios.
No porque le falte dinero, porque es uno de los ‘progres’ que se han forrado a la sombra del régimen, sino porque no quiere poner el suyo o el que cobra su mujer como eurodiputada.