Sevilla ha vuelto a vivir una de sus tardes más mágicas del año con la salida de su tradicional desfile de la ilusión. La Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla, que destaca por su imponente envergadura, ha iniciado su andadura por las calles de la ciudad en una jornada donde la fe en la tradición ha podido más que la inestabilidad meteorológica. El evento ha arrancado desde poco después de las cuatro de la tarde, partiendo del emblemático edificio central de la Universidad de Sevilla, punto neurálgico que marcó el inicio de la fiesta.
La magnitud de este evento es difícil de igualar en el resto de la geografía española. Las fuentes describen un cortejo compuesto por 33 carrozas que alcanza una longitud de un kilómetro y medio, una distancia que permite que la comitiva real sea visible para las decenas de miles de sevillanos que se agolpan en las aceras para recibir a sus Majestades de Oriente. La alegría y los aplausos han sido la tónica dominante desde los primeros metros del recorrido, acompañando el paso de una estructura festiva que llena de color la capital hispalense.
A pesar de que el inicio del desfile fue prometedor, el clima decidió añadir un elemento de suspense a la tarde. Aunque el sol lucía en el momento en el que las primeras carrozas salían de la universidad, el cielo cambió de forma repentina. De forma contraria al pronóstico meteorológico oficial, que había descartado cualquier amenaza de precipitaciones, un chaparrón cayó sobre la ciudad poco antes de las cinco de la tarde.
Esta lluvia momentánea, sin embargo, no logró empañar el sentimiento de la jornada. Lejos de desanimar a los asistentes o interrumpir el ritmo del desfile, el agua fue recibida con una determinación festiva inquebrantable. Como señalan las fuentes, el incidente meteorológico "no ha hecho mella en el ánimo festivo de la gente ni en el jolgorio propio del recorrido", confirmando que el entusiasmo de los sevillanos es a prueba de tormentas. La música, los caramelos y la ilusión han continuado fluyendo por las calles, demostrando que en Sevilla, ni siquiera un cambio brusco de tiempo puede frenar la llegada de los Reyes Magos.