Las protestas en Irán se han recrudecido en los últimos días, convirtiéndose en la mayor movilización contra la República Islámica en años. Según fuentes locales y organizaciones de derechos humanos, las manifestaciones han dejado decenas de muertos y miles de heridos, en un contexto de creciente tensión social y represión por parte del régimen.
Las causas de las protestas están ligadas a la grave crisis económica, marcada por la inflación y el desempleo, así como a la incertidumbre política y la falta de libertad de expresión. Estos factores han alimentado un malestar ciudadano que se mantiene activo desde hace casi dos semanas, con concentraciones diarias en varias ciudades del país.
El Gobierno iraní ha intentado contener la revuelta mediante fuertes medidas de control, entre ellas el bloqueo de internet y de las redes sociales, con el objetivo de limitar la coordinación entre los manifestantes y frenar la difusión de imágenes de la represión. Sin embargo, estas acciones no han logrado sofocar unas protestas que continúan extendiéndose.
La crisis ha generado reacciones internacionales. El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió de que “golpeará duro” si el régimen iraní continúa matando a manifestantes, aumentando la presión diplomática sobre Teherán. La comunidad internacional observa con atención una situación que amenaza con desestabilizar aún más al país y a la región.