Morón vive una crisis de seguridad que ya no admite excusas. Un trabajador fue herido de tres balazos en un nuevo episodio de violencia armada, mientras los delitos se multiplican y el miedo se instala en las calles. La sensación de puerta giratoria se repite: los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra, alimentando la impunidad.
El Estado aparece ausente. La Policía está desbordada, no logra contener ni a los delincuentes ni a vecinos que, hartos de los robos y la falta de respuestas, reaccionan por cuenta propia. Linchamientos, balaceras y tensión permanente exponen un territorio donde la autoridad perdió control y la política sigue sin dar soluciones concretas.