Hasta hace unos días, Miguel Uribe Londoño aparecía en encuestas como uno de los precandidatos con más fuerza dentro de su partido. Hablaba duro, prometía cambios y hasta se atrevió a decir que extraditaría al presidente Petro. Pero la política tiene un ritmo caprichoso: tres doritos después, su campaña quedó en el limbo.
No renunció, tampoco lo expulsaron, pero de repente quedó sin pista, sin bandera y sin un rol claro frente a una contienda que ya empezó a tomar forma.
Un precandidato que arrancó acelerado y hoy amanece en pausa… viendo cómo, mientras los demás avanzan, él intenta entender en qué momento dejó de avanzar la historia que estaba listo para protagonizar.”