Carlos Castillo, un venezolano de 32 años afincado en Aranjuez, se ha convertido en el rostro de la resiliencia tras el trágico accidente ferroviario en Adamuz, que se saldó con 45 víctimas mortales. Su imagen, ataviado con un chaleco amarillo y calmando con una profesionalidad abrumadora a los pasajeros del tren 6189 Málaga-Madrid, se volvió viral mientras el caos reinaba en las vías.