El ministro de Asuntos Religiosos de Malasia encendió la polémica al afirmar ante el Parlamento que el estrés laboral y la influencia social "desarrollan conductas homosexuales".
Aunque la teoría no tiene base científica, en este país el tema es crítico, ya que ser parte de la comunidad LGBTIQ+ se castiga con hasta 20 años de cárcel y castigos físicos.