La figura de Diego Rivera Navarro, hasta ayer alcalde de Tequila, pasó en poco más de un año de gobierno de ser un actor político emergente a convertirse en un personaje rodeado de controversias, choques de poder y denuncias reiteradas. Su detención por fuerzas federales marcó el punto más alto de una escalada de conflictos que se fue gestando desde los primeros meses de su administración al frente de uno de los municipios más emblemáticos de Jalisco.