¡No es magia, son tus impuestos! Javier Ruiz, presentador de 'Mañaneros 360' en la televisión pública, convirtió varios minutos de emisión pagada por todos los españoles en una sesión privada de terapia de pareja.
Su novia, la tertuliana Sarah Santaolalla, pudo victimizarse a fondo en directo por el jocoso "mitad tonta, mitad tetas" que soltó Rosa Belmonte en 'El Hormiguero' (Antena 3) —una pulla de serie convertida en meme viral—.
Mientras Belmonte ya pidió disculpas y el programa de Motos rectificó, en TVE no hubo límite: Santaolalla denunció "acoso machista" y una "estrategia para silenciar voces progresistas".
De hecho fue tal su impostura que rechazó las disculpas de la periodista como mera "protección corporativa", todo ello arropada por su pareja al mando del plató.
El propio Javier Ruiz no dudó en cargar contra Belmonte y todos aquellos que critican a su pareja:
Esto no es una cuestión personal, es una estrategia para silenciar voces progresistas, sobre todo cuando son mujeres señaladas, vejadas y acosadas"
La tertuliana, que es promocionada como analista política, se vino arriba ante las palabras del presentador de 'Mañaneros 360':
Se me ha humillado por mi aspecto físico y por mi intelecto en un plató de máxima audiencia. No se disculpan, se protegen.
Lo curioso de todo es que la propia Rosa Belmonte, que en el mismo momento en el que dijo de lo de "mitad tonta, mitad tetas" quiso aclarar que ella se basaba en una cita de 'La maravillosa señora Maisel', pidió perdón "a quien haya ofendido" y Motos paró el programa para rectificar.
Pero ese arrepentimiento de la periodista del 'ABC' no sirvió para TVE, y en especial para el programa de Javier Ruiz que, renunciando a su papel de informador, decidió ponerse el traje de activista.
Hasta tal punto que en la televisión pagada con el dinero de todos los españoles se sigue exprimiendo el asunto días después, con faldones de 'ataque machista' en prime time y minutos dedicados a desgranar el dolor.
Y es que en 'Tele Pedro' las prioridades parecen estar más que claras.
Lo que en realidad molesta es que alguien se atreva a bromear con una tertuliana progresista. Y más, evidentemente, si esta es la pareja del propio presentador. Lo demás —incluido el uso ético de los medios públicos— parece secundario. Y lo pagamos todos.