Amanecer en el pueblo y en el campo es como unirse de nuevo a la tierra; como enraizarse. El alba viene cargada de sonidos suaves. El sol llega puntual por el saliente, más allá del soto, del río; y de los Payuelos, en lontananza.
En el corral de Manola el gallo mandón funciona como un rejoj exacto. Yo busco a mi perro, y le invito, silbando, a dar un paseo por el pueblo, por el monte cercano y por la ribera frondosa del río Esla. Él me ladra, y me jadea, para decirme que sí. Y nos vamos.
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