La prohibición del consumo de bebidas alcohólicas en Estados Unidos, conocida como Ley Seca, que entró en vigor en 1920, proporcionó el caldo de cultivo ideal para el desarrollo del crimen organizado. En las grandes ciudades norteamericanas, los gángsters, delincuentes profesionales para quienes el crimen era una forma de vida, se convirtieron en personajes a la vez admirados y temidos por el público. Su rápida ascensión social se asemejaba a una grotesca parodia del sueño americano. La industria del cine no tardó en aprovechar ese nuevo filón.