En Adamuz, hoy no son solo 45 personas las desaparecidas, son 45 familias marcadas por un destino cruel. El tiempo se detuvo a las 7:45 de una tarde fatídica, dejando tras de sí un silencio desgarrador que pronto dio paso al llanto.
Estas 45 familias, unidas en su dolor, aprendieron la dura lección de las llamadas no hechas y los besos que se quedan para siempre en la memoria. Cambiarían todo por unos segundos más, pero saben que la verdad es el único camino hacia la curación.
Desde el centro cívico hasta cada rincón del país, el reclamo resuena con fuerza: ¡Exigimos saber la verdad! Esta herida abierta, que nunca cerrará del todo, solo sanará con justicia y transparencia.
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